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Cómo hacer semillas de tomate tú mismo


Poder conseguir semillas por su cuenta no es un pasatiempo que sea un fin en sí mismo solo para los entusiastas del jardín que no quieren comprar las cómodas bolsitas para valerse por sí mismos. Hay una razón para aprender cómo hacer semillas de tomate tú mismo, es una cuestión de calidad y circunstancias. Veamos paso a paso cómo proceder, descubriendo que no hay nada complejo que hacer.

Producir semillas de tomate usted mismo: por que

Cuando cultivamos nuestras propias semillas en lugar de comprar una sobre listo y empaquetado obtenemos diferentes semillas que son más adecuadas para nosotros que otras. Esto sucede muy simplemente porque partimos de plantas que son adecuadas o se han adaptado a nuestro territorio, incluso a nuestro jardín, por lo que en cierto sentido darán vida a plantas que ya están acostumbrarse al clima y la tierra que les espera.

Esto significa que si tenemos un suelo más o menos arcilloso o arenoso, las semillas ya lo están esperando y sabrán cómo afrontar la situación. Lo mismo ocurre con el clima, que puede ser más o menos cálido y seco. Año tras año, producción de semilla tras producción de semilla, tendremos plantas "caseras" cada vez más acostumbrados a las condiciones ambientales que les podemos ofrecer y por tanto cada vez más fuertes y productivos. Esta es sin duda la razón principal por la que aprender a producir semillas de tomate por su cuenta, pero no la única. Hágalo usted mismo nos permite, por ejemplo, elegir entre vegetales en particular incluso yendo a redescubrir antiguos y típicos del territorio en el que vivimos, pasado de moda pero más adecuado para nuestro jardín.

De esta manera también hacemos un buen servicio para la conservación de la biodiversidad, lo que no ocurre con las semillas en bolsitas que obviamente son siempre las mismas esparcidas por todo el mundo en cualquier clima y terreno.

Cómo hacer semillas de tomate tú mismo

El tomate es una de las plantas más fáciles de producir semillas, por lo que incluso si estamos en los primeros intentos los resultados serán excelentes. También tenemos la oportunidad de buscar variedades antiguas mientras nos divertimos y revivirlas autoproduciéndolas. los cruces no deseados es poco probable porque el tomate se autopoliniza, pero existe el viento que puede jugarle malas pasadas y, por tanto, es mejor identificar una sola variedad para cultivar cada vez. Alternativamente podemos instalar barreras mecánicas fabricadas con bolsitas de tul con el que encerrar las copas floridas pero no es baladí y también puede resultar incómodo.

Seleccionamos las plantas más fuertes y resistentes para obtener semillas, las dejamos crecer y nos centramos en los primeros frutos que deben tener las mejores semillas. Cuando elegimos los tomates, no los de arriba sino los más cercanos, de la primera o como mucho de la segunda etapa de la planta para evitar variaciones genéticas. Cuando los frutos estén maduros en el punto correcto, casi demasiado, vamos a recogerlos y cortarlos por la mitad exprimiéndolos como naranjas, semillas incluidas. Ponemos todo en un bol y añadimos agua para que se duplique el volumen. Tenemos que dejar que esta mezcla se conforme un par de dias a temperatura ambiente, unos 27 * C, hasta que desaparezca la gelatina que siempre envuelve las pepitas de tomate.

Es importante que desaparezca porque es un antigerminador natural. Mantenemos alejados a los insectos y mosquitos cubriendo el recipiente y dejamos que fermente porque al hacerlo las semillas están esterilizadas y evitamos que tengan enfermedades o virus. Antes de que germinen las semillas, interrumpimos la espera y vertimos en un colador, enjuagando todo bien con agua a temperatura ambiente para obtener semillas limpias que se extienden a secar sobre papel de paja en un lugar seco y sombreado durante una semana. Para empacar y almacenar las semillas hacemos bolsas de papel tisú. Es importante anotar la variedad y la fecha de producción porque podemos cultivarlas durante 5 años.

Recetas de invierno con tomate

Con los tomates que nacen de nuestras semillas podemos preparar fantásticas sopas al gusto humeante en las noches de invierno.

El clásico es muy fácil de preparar. Dorar una cebolla morada en una sartén junto con un diente de ajo y un poco de aceite de oliva virgen extra. Corta 400 gramos de tomates por la mitad y añádelos al sofrito. Según tu gusto, podemos conservar el ajo o eliminarlo. Ponga 0,5 litros de agua en una olla a hervir y añádalo lentamente al Tomates que estén hirviendo, sin dejar de remover hasta que la sopa esté lista para servir con una hoja de albahaca.

Si nos encanta experimentar, podemos probar variantes como la cúrcuma o la zanahoria.
La cúrcuma tiene propiedades antiinflamatorias y antioxidantes, conviene añadirla al tomate cuando lo ponemos cortado por la mitad a cocer en una sartén. Por cada 400 gramos de fruta se necesitan unas 2 cucharaditas. Además de la cúrcuma también podemos agregar pesto para uno sopa muy sabrosa. Sin embargo, el pesto se debe agregar al final, mientras que la sopa ya preparada se enfría un poco, se espolvorea con orégano y se sirve con crutones de pan blanco.

A la variante más delicada con zanahorias, le sumamos 4 para cocinar junto con el tomate pero luego para obtener una sopa homogénea debemos pasar todo en una batidora.



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