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Cómo aprender a escuchar a los demás


Algunos argumentan que es una habilidad innata y, precisamente por eso, no piden nada cómo aprender a escuchar a los demás y continúan comportándose como les gusta, hablando a toda velocidad prestando atención al estímulo más fuerte momento a momento. Desafortunadamente o afortunadamente, según el punto de vista, es posible educarse para escuchar a los demás, y también a uno mismo, y es cuestión de camino de crecimiento que no es gratuito y altruista sino muy "egoísta". Este adjetivo es una provocación, por supuesto, para enfatizar que al escuchar a los que nos rodean recibimos mucha información, ideas e ideas, y en ocasiones incluso afecto y emociones.

Aprendiendo a escuchar vas a mejorar nuestras relaciones también, tanto en el trabajo como con familiares y amigos. Escuchar es una acción subestimada por muchos, muchas veces se cree que basta con callar y abrir los oídos pero es mucho, mucho más! Descubramos juntos qué significa la escucha activa y verdadera y cómo podemos aprender a practicarla.

Escucha activa: lo que significa

La palabra activo nos hace comprender de inmediato que estamos llamados a hacer algo y no somos muñecos disecados que solo tienen que asentir. Este tipo de escuchar es muy exigente, es necesario no solo escuchar las palabras sino también prestar atención al tono de voz y al lenguaje no verbal, a las emociones que transpiran, no siempre en consonancia con las palabras que se pronuncian. ¡Este es el desafío para el oyente! Note tantos aspectos de quién está hablando y conéctelos, con un toque de personal sexto sentido que se refina día a día, experiencia a experiencia.

El primer paso para volvernos empáticos es la escucha activa, cuando aprendamos a practicar nos daremos cuenta de inmediato relación diferente que logramos establecer con las personas que conocemos y la percepción diferente de las que nunca antes habíamos visto.

Integrando el mensaje verbal, efectivamente pronunciado, con el no hablado oralmente sino expresado de mil otras formas, con tonos, gestos, expresiones y silencios, puedes captar lo que una persona realmente quiere expresar. El lado práctico de esta habilidad radica en poder evitar muchos malentendidos. A veces, sabiendo ir más allá de las palabras, es necesario no enojarse en absoluto o no dejarse engañar. ¡Intenta pensar en ello! ¿Cuántas situaciones críticas se pueden evitar con la escucha activa? Vale la pena aprender.

Cómo aprender a escuchar a los demás

Quizás no somos muy capaces de escucharnos a nosotros mismos, pero comenzamos a hacerlo con los demás, y luego nos tratamos como cualquier otra persona y damos la merecida atencion incluso a nuestro yo controvertido. Estos son algunos consejos para convertirse en un gran oyente.

  • Está prohibido interrumpir. Es inherente al concepto de escuchar, nunca interrumpir al hablante mientras está terminando un razonamiento o explicando su opinión. Esperamos nuestro turno para hablar y evitamos expresarnos con sermones o consejos de arriba, quizás ni siquiera solicitados.
  • Hacer preguntas. Siempre esperando nuestro turno para hablar, no respondemos con comentarios o consideraciones sino con bonitas preguntas. Son una expresión de interés, en general, y si podemos hacer las correctas, la persona a la que estamos escuchando comprenderá que realmente lo hemos percibido de forma total.
  • Disfrute de la conversación. Cuando estamos escuchando, el tema no importa tanto y no hay idea de salirse de tema, porque el discurso evoluciona y no podemos predecir cómo, pero está mal querer aprovecharlo. Si lo piensa, las buenas soluciones y las amistades cercanas suelen surgir de conversaciones fluidas.
  • Nunca juzgues. Es fundamental que el oyente no juzgue, es el paso número cero. Si estamos verdaderamente abiertos a escuchar lo que nuestra persona dice y siente, nuestro juicio se anula porque estamos enfocados en ella. También prestamos mucha atención a lo que decimos porque a veces, incluso sin quererlo, podemos parecer críticos y, por lo tanto, no deseados y presuntuosos.
  • Sea empático y asertivo. Sí, porque no juzgar no significa dar razón a quién estamos escuchando. La actitud más equilibrada implica una mezcla de empatía y asertividad porque incluso sin juzgar es necesario mantener una mirada crítica sobre lo que está sucediendo. De lo contrario, somos oyentes pasivos e incluso inútiles.
  • Centrarse en el interlocutor. En ese momento solo él existe, o casi. Ciertamente no es necesario mirar las notificaciones del teléfono celular o mirar por encima del hombro distraído por un transeúnte o un pájaro. Los ojos, pero sobre todo la mente, deben ser magnetizados por el hablante.
  • Haz gestos de interés. ¿Cómo hacemos entender a la otra persona que estamos escuchando si no hablamos? El lenguaje no verbal nos ayuda. Nuestros ojos en sus ojos, asentimos, y si tenemos confianza, incluso podemos tocarlo con una mano, como nos apetezca, siempre que el gesto parezca natural.
  • Respeta los silencios, que a veces contienen mensajes importantes. No los confundamos con el final del discurso, porque son parte de él y sirven, tanto a nosotros como a quien habla. Tratemos de comprender la emoción que los colorea.
  • Acepta los diferentes puntos de vista. Nos guste o no, nuestros posibles consejos y opiniones no se siguen necesariamente. Incluso si hemos sido oyentes activos y hemos seguido todos los consejos, puede ser que no haya convergencia, hablar y que cada uno permanezca en su propia posición. Así es la vida, no es una derrota, no lo aceptemos, después de todo no siempre seguimos lo que nos dicen aunque valoremos la contribución.


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